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Padre Filiberto Guala:
"Nos enseñó, respecto del espíritu de la época, que no se necesitaba ser cura para ser santo. Así es: el cristiano puede ser santo allí donde esta. Sin quererlo, él se ha convertido en un modelo para nosotros: nos dimos cuenta de ello sobretodo después de la muerte […] fue una autentica vocación laical vivida en plenitud.