Giovanni Papini

"Cuando el sacerdote le reveló la tremenda verdad, la partida inevitable, Pier Giorgio no tuvo el más mínimo gesto de humana rebelión. Aceptó con amorosa obediencia su destino de bella flor viva que no daría más fruto. Quizá no tuvo otra pena que la de abandonar a sus padres, quizá no tuvo otro pesar que el de tener que dejar el lecho de sus enfermos, quizá no tuvo otra pena que la de no poder abrazar por última vez a los amigos que amaba, quizá no tuvo otra angustia que pensar en la madre, en el padre, en la hermana, que a causa de él habrían de sufrir. La muerte de Pier Giorgio, desnuda y pura, conforme a su humilde delicadeza, es una de las más grandes enseñanzas que él nos haya dejado a todos nosotros".