Luigi Gedda:
"Se habla tanto doy de un cristianismo sonriente y simpático, del valor del apostolado individual, de tácticas de acercamiento para la conquista de los que están alejados. Pier Giorgio era y hacía todo esto con la sabiduría y la simplicidad de los puros que ven a Dios. Es de notar que su atracción sobrenatural y humana, que lo hacía irresistible, no era ni lejanamente efecto de su posición social: su nombre, su riqueza, sus relaciones quedaron y permanecieron ignoradas, tanto que solamente a su muerte sus innumerables pobres supieron que su benefactor era el hijo del Sanador Frassati".