Emilio Zanzi:
"He tenido siempre la sensación que Pier Giorgio estaba ausente de su familia, de sus amigos poderosos y que se había creado su propia familia entre los pobres y los desventurados. Hay algo de heroico en su desinterés por todo aquello que podía ser su fortuna: hijo de un hombre poderoso, con un porvenir seguro, se aísla y se vuelve protector de la gente que no le da nada. Esta es su grandeza. Voluntariamente se desprende de su mundo afortunado para estar con los infelices, sin renegar de la necesidad de su primera familia, por un sentido de piedad hacia aquel mundo que entendió aunque no pudo seguirlo. Nos encontramos frente a una situación que tiene algún parecido con aquella de San Francisco cuando se aparta de la casa paterna".