Antonio Cojazzi:
"Permanecen inolvidables sus juegos de billar en las salas del Círculo. Cada golpe suyo bien logrado y cada golpe de algún amigo que salía mal venía subrayado de gritos, burlas, golpes de taco, lanzados con su vozarrón que llenaba toda la sala.
Los amigos están convencidos de que en aquella alegría se escondía también la intención de colaborar para que el Círculo fuera frecuentado por muchos jóvenes, los que de ese modo permanecían lejos de peligros de la calle, y se acercaban a los valores cristianos.